Los vicios en los que cae un locutor

Actualmente es muy común escuchar en la radio a algunos locutores con uno o varios vicios que pueden dañar su imagen como comunicador. ¡Claro! no nos referimos al abuso del alcohol o estupefacientes, tampoco al consumo de tabaco, pues si bien afecta a tus cuerdas vocales, hay personas que les fascina o les parece interesante esa voz ronca y gruesa. Los vicios que me refiero, son sutiles y si no estamos acostumbrados a analizar la forma en que nos comunicamos con los demás, es muy probable que vivamos con ellos por mucho tiempo, así que te invito a que sigas leyendo para que los conozcas y revises si los tienes, o mejor aún, si estás en el camino de entrar a la locución profesional, evitarlos a toda costa.

Estas faltas o errores lingüísticos se les denomina VICIOS DEL LENGUAJE. Has escuchado sobre ellos? Tal vez tú los tienes y no te has dado cuenta.

Podrás pensar que hablas de manera apropiada. Normalmente sabes en que momento o con quien no decir “malas palabras” y crees que con eso basta pero ¡aguas! los vicios del lenguaje van más allá de utilizar las groserías o decir por favor y gracias. Estas formas incorrectas pueden apoderarse de ti ¡cuando menos te lo esperas!

Por ejemplo cuando dices:

«Vi a Pedro saliendo del trabajo»

Suena bien ¿no?, su construcción gramatical es correcta. ¿En donde está lo malo? Pues que sencillamente no es clara, pues no sabemos quién salía del trabajo, ¿Pedro o tú?

Otro ejemplo sería:

“Estaba jugando con la perra de mi hermana”

¿le está diciendo perra a su propia hermana?

Como puedes observar esta forma de hablar permite o da pie a varias interpretaciones, es ambigua. A este vicio se le conoce como ANFIBOLOGÍA.

Tener la manía de acortar las palabras también es un vicio del lenguaje. Por ejemplo, decir “Ta bien profe” en vez de “está bien, profesor”, o “pa’ que” en lugar de “para que”.

Y ni que decir de los barbarismos (por cierto, muy comunes en canciones de reguetón) dejastes, dijistes, oyistes, fuistes, estuatua, necesidá… A veces las pronunciamos tanto, que suponemos que así se pronuncian pero en realidad están mal dichas.

En la actualidad, somos víctimas de los extranjerismos y decimos «nos whatsappeamos» en vez de «nos escribimos por whatsapp», «no me spoilees», «me encanta tu outfit», «haz tu check in», son otros ejemplos de extranjerismos…

Y ¿qué me dicen de los pleonasmos? Ese empleo de palabras innecesarias repitiendo sin sentido un mismo concepto. Uno muy común que escucho en mis alumnos es: «en mi opinión personal» siento que el cerebro me va a explotar cada que escucho esa frase. Si es tu opinión por supuesto que es personal! “Oríllese a la orilla”, “lo vi con mis propios ojos”, «regalos gratis», «hechos reales» son solo algunas frases redundantes.

Por supuesto que no podemos dejar de mencionar a la reina de los vicios del lenguaje: la muletilla. Esa palabra o expresión que usamos una y otra vez para hilar nuestras ideas como por ejemplo: «entonces me dijo que sí y entonces que me le quedo viendo y entonces nos besamos» (puedes  intercambiar el «entonces» por «y luego» o «posteriormente»); o también terminar cada frase con “no?”, “wey”, “este…”. Como su nombre lo indica, nos sirven de muletas para apoyarnos e ir avanzando en nuestra conversación, pero eso solo expone nuestro limitado acervo de palabras.

Solecismos, hiatos, modismos, eufemismos son otros vicios del lenguaje que distorsionan nuestra manera de comunicarnos pues dificultan la claridad en la transmisión del mensaje.

Apartarse de las normas establecidas alteran el flujo normal de la experiencia de comunicación verbal, por eso es importante estar conscientes de lo qué decimos y cómo lo decimos, porque si nos valemos del buen uso del lenguaje podemos conectar directamente con el otro. Recuerda que la mejor cualidad que una persona puede tener en este mundo es la comunicación asertiva.

En conclusión, alejarte de estos vicios, te permite estar activo y útil a tus semejantes; es decir, si sabes expresarte transmitiendo bien tus ideas es muy difícil que te malinterpreten.

En la antigua Grecia, Aristóteles decía “uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras”. Imagínense! Ya en ese entonces había problemas de comunicación, por eso es necesario construir con cuidado nuestro discurso. Esas palabras que elegimos deben estar conectadas directamente con nuestro pensamiento nos permitirán conectar y ayudar a los demás.

Hablar es todo un arte, hay quien lo hace de forma innata y otros, por el contrario, necesitan aprender algunas técnicas que les ayuden. En nuestro curso de locución y doblaje ayudamos a los alumnos a identificar estos vicios para que puedan lograr un desempeño óptimo como locutores, actores, oradores, conferensistas y toda aquella actividad que implique el uso de la voz.

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